Son las dos de la madrugada y Constanza aún desliza su dedo sobre la pantalla. En su cama, bajo la luz azul del celular, el silencio es interrumpido por una vibración: un nuevo match. Lo abre, sonríe, pero no escribe. Tampoco él. Al día siguiente, ese perfil quedará sepultado entre decenas de conversaciones inconclusas. “No sé qué busco, pero igual sigo entrando”, reconoce. Como ella, cientos de jóvenes repiten este ciclo de manera casi automática, abrir Tinder o Bumble por ansiedad, por validación.
En Chile, las aplicaciones de citas se han vuelto parte habitual de la vida afectiva juvenil. Pero su uso prolongado, marcado por interacciones fugaces y frustraciones recurrentes, ha dado paso a un nuevo malestar: el agotamiento amoroso digital. Dicho fenómeno no solo puede deteriorar la salud mental de quienes usan estas aplicaciones, sino que también está transformando su percepción sobre el amor y la manera en que se vinculan con los demás.
La aparición de las aplicaciones de citas en la última década ha transformado la forma en que las personas se conocen y se relacionan. Plataformas como Tinder o Bumble, con millones de usuarios activos, se han convertido en uno de los principales medios para conectar afectivamente, especialmente entre jóvenes. Esta masificación, si bien prometía acceso inmediato a posibles parejas, también ha traído consecuencias.
Este fenómeno, conocido como dating burnout o agotamiento amoroso digital, ha sido objeto de estudio a raíz de su emergente visibilidad. Investigaciones como “El lado oscuro de Tinder”, publicada en Psicología y Mente, exponen cómo “la interacción constante, el rechazo repetido y la búsqueda incesante de validación pueden desgastar emocionalmente a los usuarios”.
Estudios recientes han comenzado a profundizar en la experiencia emocional de quienes usan estas plataformas. Una investigación titulada “Burnt Out and Still Single: Susceptibility to Dating App Burnout Over Time”, reveló que el agotamiento emocional, la sensación de ineficacia y, sobre todo, la despersonalización: una actitud cínica y desapegada frente a los demás usuarios, aumentan progresivamente con el uso.
Lejos de ser solo una consecuencia, este “desgaste” parece estar estrechamente vinculado a condiciones preexistentes como la ansiedad, depresión y soledad, lo que sugiere que las aplicaciones, en lugar de aliviar estas emociones, muchas veces las intensifican.
A esto se suma la investigación “Coping with Mobile-Online-Dating Fatigue…”, que sitúa este agotamiento no solo en lo individual, sino como un fenómeno social. Según sus hallazgos, la fatiga nace de una dinámica circular: los usuarios internalizan experiencias dañinas, replican patrones negativos (como la deshumanización de perfiles o las citas paralelas) y los llevan a perpetuar las mismas prácticas que critican.
El propio diseño de las aplicaciones basado en la velocidad, la sobreoferta de opciones y la inmediatez son factores intrínsecos del problema. Y frente a ello, muchos jóvenes optan por estrategias de protección emocional: alejarse de las apps, buscar otras plataformas más “lentas” como Instagram, o incluso optar por la abstinencia temporal de citas.
El juego de la validación rápida
Para Constanza Campos (27) estudiante de técnico en enfermería, en Concepción, la entrada al mundo de las aplicaciones de citas fue impulsiva, una forma de romper la monotonía y la soledad. “Por aburrimiento y búsqueda de encuentros casuales; hace tiempo estaba sola y necesitaba salir de la monotonía”. Su uso era constante, casi una rutina diaria: “Entraba a la aplicación todos los días por mucho tiempo, me encontraba sola en casa, por ende, tiempo tenía de sobra” Explicó.
El hacer match para mí era divertido, entre más tenía más me sentía linda”. Este ciclo de aprobación instantánea le ofrecía una gratificación efímera: “Tener muchos
‘matches’ me subía la autoestima, me sentía deseada por los hombres”. Las frustraciones comunes de estas plataformas, como la falta de respuesta o el no hacer match, no le afectaban mayormente: “La verdad no me afectaba mucho ya que son personas que no conozco, lo que digan o piensen personas con las cuales no tengo relación me son irrelevantes”.
“En el tiempo que ocupaba la aplicación era una persona totalmente apática con los demás, solo buscaba cosas que me hicieran sentir bien, era una época bastante crítica para mí y pensaba que jamás existiría un sentimiento tan grande como el amor”, profundizó Constanza.
Pese a su uso casual, Campos también experimentó el agotamiento. “La verdad sí, algunas veces me abrumaba el no poder conocer gente físicamente, refiriéndome a salir a algún lugar como discos o pubs”. Revela que su propia ansiedad, que dificulta las interacciones cara a cara, es lo que la atrae al formato online, que le resulta “más fácil”. “En la aplicación puedes describir lo que estás buscando, algo casual, hacer amigos o algo serio. Entonces puedes encontrar a alguien adecuado para ti”, agregó.
Aquellos que, como Constanza, no les toman una mayor importancia a las aplicaciones de citas, también está el caso de otros usuarios que, con intenciones más profundas, chocan con las dinámicas de un mercado digital y las dispares expectativas de los usuarios.
Del swipe al agotamiento
Este fenómeno de diferente manera también afecta a quienes, como Andrés Castillo (25), estudiante de Gastronomía de Concepción, busca un vínculo genuino e instalan estas plataformas con el objetivo de encontrar pareja y no solo explorar la aplicación. “Siempre he sido bastante tímido para conocer gente en persona, me cuesta dar el primer paso”, reconoce Andrés. Para él, aplicaciones como Bumble se presentaron como una “opción real para conocer a alguien con la intención de formar algo como una relación seria”.
Sin embargo, esta búsqueda está lejos de ser sencilla. Andrés confiesa que la dinámica de la plataforma, con su flujo constante de perfiles y la superficialidad, lo frustra profundamente. “Más que un juego, a veces siento que es como un vitrinear, los perfiles parecen catálogos, te hace juzgar a las personas por un par de fotos y un par de líneas en la descripción”.
Para Andrés Castillo, esta actitud es especialmente desgastante, pues él siempre ve a los otros como “personas reales”, y le frustra “cuando intuyo que el otro me ve como un personaje más, como alguien descartable”. La falta de respuesta o el “ghosting” es el rechazo sutil de esta generación: “Me afecta bastante. Uno le pone expectativas y si no hay match, o si la conversación se muere sin razón, o si me dejan en visto, siento que fallé, que no fui interesante o que mi mensaje no fue suficiente”.
Esta constante inversión emocional con pocas recompensas reales ha generado en Castillo una clara “fatiga mental”. “Si, a veces me he sentido más deprimido tras no hacer match o cuando alguien me interesa y deja de responder. Me he sentido inseguro de mí mismo”. Para manejar este desgaste, Castillo ha desarrollado sus propias estrategias de protección: “Lo manejo dándome pausas. Desinstalo la aplicación por unos días o semanas, pero suelo volver porque igual he conocido a gente que ahora son amigos cercanos”.
Andrés asegura que se ha vuelto más exigente buscando señales de que la persona quiere algo genuino. Y, pese a todo el desgaste, aún conserva la esperanza de que si es posible encontrar el amor en este tipo de aplicaciones: “Sí, lo creo posible, conozco casos de amigos que han encontrado pareja y son felices, me gustaría vivir una experiencia así”.
Las huellas emocionales del amor digital
Stefan Van cauvvelart, psicólogo clínico de la Universidad San Sebastián explicó que cuando esta búsqueda del individuo responde a una necesidad de aceptación emocional, a menudo es un reflejo de una baja autoestima, donde el individuo “necesita muchas veces el contexto físico, la aprobación sexual a la hora de poder valorizarse a sí mismo”. A largo plazo, esta dinámica puede “generar cierta inducción de ideas mucho más materialistas, mucho más físicas, mucho más superficiales”, donde la valorización se basa “solamente en base a lo externo”.
El cansancio o agotamiento surge, paradójicamente, de esta misma búsqueda de gratificación. Van cauvvelart lo explica desde una perspectiva conductista: “Una dinámica constante en base a impulsos externos como un like o match puede ser gratificante en un inicio y puede ser adictivo”. Sin embargo, como cualquier estímulo excesivo, el cerebro se cansa”. El cerebro puede agotarse de esta dinámica. el estímulo pierde su “misticismo” y valor inicial, casi como una ley económica: el exceso lo devalúa, explicó.
En cuanto a las emociones que genera esta búsqueda prolongada, Van cauvvelart es enfático: Si bien las señales de agotamiento pueden no ser siempre visibles, la mayoría de las personas tienden a vivir estas emociones “en la soledad”. Esta “evasión de la soledad” es, irónicamente, lo que muchos buscan evitar al frecuentar en exceso en las plataformas de citas.
El diseño mismo de las aplicaciones juega un rol clave. La aparente “infinidad de opciones” genera lo que se conoce como “parálisis por análisis”. El psicólogo destaca que: “siempre va a estar la posibilidad de que haya alguien mejor en el siguiente deslizamiento de pantalla”. Este movimiento horizontal, característico de plataformas de citas, ha demostrado científicamente ser más adictivo que el vertical de otras redes sociales, estimulando de manera particular las áreas visuales del cerebro. El dilema, explica, es que “la aplicación buscaba era satisfacer tu búsqueda”, no el hallazgo. Esta trampa del diseño, sumada a la idea de que “el siguiente swipe va a ser mejor”, exacerba negativamente el ego, Explicó Van cauvvelart
Vínculos en la app
Cristian Loyola Salas, Licenciado de Sicología de la Universidad de Concepción, explicó que: muchos usuarios tienden a embellecer sus perfiles para encajar: “genera una distancia cada vez más grande entre lo que se muestra y lo que realmente se es”, concluye el experto, lo que incrementa la frustración cuando la fantasía digital se cae en el encuentro real.
“También de esta manera la gente puede filtrar a quien quiere conocer, limitando su experiencia a como lo hacen en persona. Es una segmentación afectiva que acorta la experiencia en lugar de abrirla”. La promesa de acceso a miles de personas puede terminar encerrando a los usuarios en burbujas de gustos, apariencias y clases sociales.
El ascenso de las aplicaciones de citas prometió un atajo hacia la conexión, pero para muchos usuarios, esta promesa se ha dificultado por fenómenos como el “lovebombing” y el “ghosting”, evidenciando la fragilidad de las interacciones que pueden emerger en estos espacios digitales. Lo que se proyectaba como una vía eficiente para el encuentro, ha derivado en la problemática del “dating burnout”, un agotamiento emocional que hoy perjudica la experiencia afectiva de las personas dentro de estas plataformas.
En personas con diagnósticos previos de ansiedad, depresión o baja autoestima, el desgaste puede ser peor, ya que el ciclo constante de validación, rechazo y comparación digital actúa como un gatillante silencioso. Este problema es de suma importancia debido a los millones de usuarios a nivel mundial que este tipo de aplicaciones están diseñadas para fomentar la interacción rápida, la exposición permanente y la búsqueda incesante de aprobación, lo que puede intensificar un malestar psicológico ya diagnosticado.











