A orillas del Pacífico, entre roqueríos y algas, sobrevive uno de los mamíferos más esquivos y carismáticos de Chile: el chungungo (Lontra felina). Su presencia indica la salud de los ecosistemas costeros, pero su futuro aún pende de un hilo.
Aunque su figura es casi mítica en las costas chilenas, el chungungo sigue desafiando la extinción. Investigadores, comunidades costeras y organizaciones ambientales trabajan por mantener viva a una especie que revela el pulso del mar.
Entre la resistencia y el olvido
En las costas del norte al sur de Chile, el chungungo —conocido también como nutria chilena— protagoniza una silenciosa batalla por su supervivencia. Este pequeño carnívoro marino, que puede alcanzar hasta 1,5 metros de longitud, ha sido históricamente cazado por su piel y desplazado por la expansión humana en zonas costeras.
Según datos del Ministerio del Medio Ambiente, la especie se encuentra catalogada como “En Peligro” en gran parte del territorio nacional. La pérdida de hábitat, la contaminación de las aguas, la pesca artesanal no regulada y el turismo sin control son algunas de las amenazas que enfrenta.
“El chungungo es un indicador biológico clave. Donde hay chungungos, hay equilibrio marino”, explica la bióloga marina, María José Araya, integrante del programa Coastal Guardians Chile, que monitorea la especie desde Coquimbo hasta Chiloé. “Pero en muchas zonas donde antes se veía con frecuencia, hoy simplemente desapareció”.
A pesar del panorama adverso, distintas iniciativas están emergiendo a lo largo del país. En la Región de Los Ríos, por ejemplo, un grupo de voluntarios del proyecto Chungungo Vivo trabaja en educación ambiental y monitoreo con cámaras trampa, mientras que investigadores de la Universidad Austral de Chile desarrollan estudios sobre su genética y comportamiento.
Uno de los mayores desafíos es la convivencia con las comunidades costeras. El turismo responsable y la gestión territorial participativa se perfilan como herramientas cruciales para proteger al chungungo sin excluir a las personas que comparten su hábitat.
Con su pelaje denso y mirada curiosa, este pequeño depredador sigue siendo un símbolo de resistencia natural. Si logramos conservar al chungungo, no solo salvamos a una especie: también resguardamos la salud del mar chileno.











