¿MAMÁ O CANDIDATA?: CON MUCHA DIFICULTAD, AMBAS

Lo reveló la última elección municipal y regional: la participación política femenina sufrió un revés tanto en el número de mujeres electas, como candidatas presentadas. Si bien los motivos son diversos, es imprescindible reconocer la barrera que simbolizan los cuidados del hogar en el acceso de las mujeres a la esfera política, esto porque, de acuerdo con un reciente informe de ONU Mujeres basado en Chile, las mujeres en política asumen una mayor carga de estas responsabilidades. Entre los hijos, la casa y recordar cuándo es la prueba, las mujeres chilenas se ven imposibilitadas de su acceso integral a la política.

En este artículo

El año pasado, cuando Aida Conejeros decidió ser candidata a consejera regional
por Concepción I, el primer cuestionamiento que pasó por su mente fue cómo
aquella decisión afectaría a sus cinco hijos y a su marido.


Aida, oriunda del sector Salinas de Talcahuano, despertaba todas las mañanas para
dirigirse a su trabajo de jornada completa en el puerto de Coronel. Así, durante las
primeras ocho horas de su día, se desempeñaba como prevencionista de riesgos y,
durante las tardes, al volver a su casa, continuaba trabajando en los quehaceres del
hogar.


Aquella era su rutina al momento de lanzar su campaña como CORE, a la que pudo
dedicarle únicamente sus fines de semana. Es decir, en el mes y medio que difundió
su candidatura, sólo hizo efectivos doce días. “Nosotras hoy día no tenemos la
posibilidad de dedicarnos 100% al trabajo social o a la gestión política para
fortalecer nuestro colectivo. Tenemos siempre dificultades que tienen mucho que
ver con nuestros roles de cuidado o maternidad”, sostiene.


Asimismo, Aida relata que al inicio de su vida política tuvo que dimitir de su cargo
como presidenta de su junta de vecinos luego de quedar embarazada de gemelos:
“Mi capacidad física se vio totalmente mermada porque tuve que estar ocho meses
con reposo en cama. Entonces era totalmente incompatible”.


Fueron cinco años los que estuvo alejada de la dirigencia mientras criaba, hasta ese
momento, a cuatro niños. Sin embargo, poco a poco se reintegró a la vida política.
Primero con las directivas escolares, luego en el grupo scout de sus hijos y, paso a
paso, volvió a militar. Así, para 2024, Aida fue una de las 848 mujeres que se
postularon a consejos regionales a lo largo del país, aunque no estuvo dentro de la
nómina de las 98 electas.


La última elección municipal y regional, realizada a fines de octubre del año pasado,
dejó en evidencia no sólo la baja cantidad de mujeres electas, sino que también el
bajo porcentaje de candidatas, donde las mujeres no representaron más del 38%
de las candidaturas a nivel país, de acuerdo con los datos entregados por el Servel.


Si bien este es un fenómeno multicausal, el cuidado del hogar representa una
barrera para las mujeres a la hora de acceder a la política, debido a que la
organización social del trabajo aún está cargada hacia las mujeres, quienes lidian
con más responsabilidades de cuidado, de acuerdo con el informe de “participación
política de mujeres: construyendo la sociedad del cuidado”, publicado por ONU
Mujeres el año pasado.


Para la doctora en política, Lesley Briceño, el desafío de llevar a las mujeres a la
papeleta radica en la idea de que la mujer está relegada a lo privado, es decir, “que
la mujer está vinculada con el cuidado más que con la vida política”.


“Hay todo un ámbito de lo que es lo privado y lo doméstico, del cual la mujer tiene
un rol asociado por un tema cultural y tradicional. Y, por otro lado, está lo público,
que es donde el hombre en general se desempeña”, explica la politóloga.


Entre la cuna y el escaño


Claudia Arriagada, actual concejala de Concepción, fue mamá a los 17 años y, al
poco tiempo después, dirigente estudiantil. Según recuerda, sus padres le decían
“andas ahí puro hueveando y tu hijo aquí”.


Fueron muchas las ocasiones en que no pudo asistir a reuniones, pero también
muchas las instancias en que su hijo la acompañaba. “Como mi hijo estaba a mi
cuidado, me costaba el estar libremente participando (…) no podía ir a todo o tenía
que andar con él chiquito”.


Álvaro Castro, sociólogo de la Universidad Central especializado en temáticas
sociolaborales, sostiene que “el estar a cargo en tareas de cuidado genera que es
muy demandante en el tiempo. Puede limitar las actividades que quieres desarrollar
porque son cuidados constantes diarios, rutinas que hay que seguir”.


Para Aida, aquel planteamiento no dista mucho de su realidad. La dirigente vecinal
rememora que, hace dos semanas, dejó a su hija al cuidado de su abuela para
asistir a una reunión en la municipalidad de Talcahuano. Mientras se encontraba
allí, otras dirigentes hacían fila junto a sus hijos: “eso me recuerda los años
anteriores en los que yo también hacía lo mismo”, revela.


La excandidata a CORE también dice ser testigo de las complicaciones que
atraviesan ciertas mujeres a la hora de participar en política: “siendo tremendos
valores en su dirigencia, se abstienen, por el cuidado de sus hijos, porque no tienen
con quién dejarlos o tienen que llevarlos y tampoco pueden estar el 100% pendiente.
Porque independiente de que tú vayas, tú como mamá siempre vas a estar
pendiente de tu hijo si lo tienes al lado”.


“Yo he tenido compañeras que han dejado a sus hijos al cuidado de los papás y las
han criticado un montón”, relata Claudia Arriagada al recordar la culpa que alguna
vez sintió como madre. “Fue una etapa dolorosa, pero pasó y seguí adelante”.


En aquel aspecto, el sociólogo sostiene que por mucho que exista un lazo afectivo
entre cuidador y cuidado, esto puede terminar afectando al desarrollo de su vida.
Ana Araneda coincide en lo anterior: suena el teléfono todo el día, tienes que dar
solución a problemáticas y tienes que cumplir con ciertos estamentos, “entonces la
vida familiar a veces se pierde o bien no se hace bien la pega”, describe la ex CORE
del Biobío y candidata a Gobernadora de la región homónima que, si bien sólo está
a cargo de sus tres perros, dice observar que “muchas mujeres, que hoy están en
espacios políticos, sacrifican a sus familias”.


Redes de apoyo


En la casa de Aida, actualmente cesante, todos los monos bailan y no por plata. Sus
dos hijos adultos viven su independencia y aportan en el cuidado del hogar; los
gemelos, ya adolescentes, son relativamente autónomos; y su marido actúa como
sostén económico mientras ella se dedica al trabajo social. Todos se distribuyen las
tareas y se encargan del cuidado de Cecilia, su hija menor. “Mi familia en general
me apoya bastante en todos los procesos (…) me apoyo bastante en mi mamá y en
mis hijos, para el cuidado de la más chiquitita”, manifiesta la dirigente porteña.


Sin embargo, su situación no fue siempre así: “no es tan complejo como hace años
atrás, cuando yo tenía a mis dos hijos chiquititos y tenía que partir con ellos a todos
lados. O cuando tenía a mis gemelitos y quería asistir a la pintura de un mural,
alguna campaña o una marcha, que también tenía que ir con ellos”.


A pesar de ello, la excandidata al consejo regional dice militar en un espacio
inclusivo que considera la maternidad como parte del proceso de lucha social. “Hace
ya más de 15 años, siempre en los encuentros había espacios donde tú podías ir y
se preocupaban de la niñez”.


De acuerdo con el informe publicado el año pasado por ONU Mujeres, las redes de
apoyo son un factor clave en la participación constante de las mujeres en la política,
puesto que, sin ellas, las responsabilidades de cuidado dificultarían el completo
enfoque en sus funciones públicas.


“Mi mamá fue un pilar fundamental”, reconoce Claudia Arriagada al relatar su
periodo como candidata a diputada. Aunque también explica que el apoyo de sus
amigas y del padre de su hijo, que estuvo más presente durante su campaña, le
alivió su carga. “Sin eso yo habría tenido que andar en todo con mi hijo nomás, o
haberme restado de otras lamentablemente. Así es la crianza”.


El rol de los partidos políticos


“Son los partidos políticos los que toman las decisiones de quién llega a la
papeleta”, afirma Lesley Briceño.


Si bien la politóloga reconoce que el acceso de las mujeres a la participación
política debe ir paralela con cambios culturas, también explica que los partidos
políticos deben comenzar a ser más democráticos en cuanto a sus procesos de elección
interna. “Probablemente hay muchas candidatas que quedan en la intención y no
se concretan porque hay acuerdos vinculados a relaciones de poder dentro de los
partidos, que se han negociado mucho más en la penumbra”.


De acuerdo con los resultados del informe de participación política de la ONU, que
estudia el caso chileno, las mujeres encuestadas apuntaron a que, si bien sus
partidos tienen reglas paritarias formales y frentes feministas, aún persisten barreras
que anulan aquellos mecanismos.


De este modo, Lesley Briceño asegura que muy pocos partidos han tomado algún
tipo de acción afirmativa para que las mujeres se mantengan en un espacio de poder
político dentro de los partidos. “Cuando llega la discusión de los espacios
femeninos, en el momento de tomar decisiones electorales, no necesariamente son
escuchadas por los partidos y se mantienen los liderazgos tradicionales, que son
masculinos”, sostiene.


“Hoy día cumplimos con la paridad y ya los partidos políticos se encuentran
conformes y alegres porque cumplieron. Pero falta un poco más allá de eso, porque
ok, te damos el espacio, pero casi arréglatelas tú sola. Entonces ahí es donde hay
que ayudar y creo que eso se hace a través de políticas públicas”, observa Ana
Araneda.


La voz, el voto y la cuota


1934 y 1949 fueron años claves en la participación política femenina en Chile. Si
bien en primera instancia se otorgó el derecho a voto en elecciones municipales,
llegando a la década de los 50’s ocurrió la verdadera innovación: fue otorgada la
voz.


“Es recién en 1949 cuando se aprueba el sufragio de las mujeres y donde,
además, no solamente podemos elegir al presidente y miembros del parlamento,
sino que también ser elegidas y presentarnos como candidatas. Es algo muy
cercano, menos de 80 años”, considera Lesley Briceño.


Desde la promulgación de ambas leyes, la legislación sobre la paridad de género
salta hasta el año 2015, con la ley 20.840, que sustituyó el sistema binominal
existente hasta ese momento por uno proporcional inclusivo.


De la totalidad de declaraciones de candidaturas a diputado o senador declaradas
por los partidos políticos, hayan o no pactado, ni los candidatos hombres ni las
candidatas mujeres podrán superar el sesenta por ciento del total respectivo
”,
especifica la ley.


Posterior al estallido social, los intentos de modificar la Constitución también
aplicaron la paridad en su estructura. Así, la ley 21.216 reformó la carta fundamental
y estableció una representación paritaria de entrada y de salida para, en este caso,
los candidatos convencionales constituyentes. Asimismo, en 2023, con el segundo
intento constitucional, se dictó que tanto la Comisión Experta, como el Consejo
Constitucional y el Comité Técnico fueran paritarios.


Aunque para la politóloga no es posible depender siempre de leyes de cuota para
establecer listas paritarias, aclara que una buena opción, a sostener en el tiempo,
es el método de las “listas cebra”, donde, en la papeleta, hombres y mujeres van
intercalados.


“Hay algunas elecciones en las que son tantos nombres y ahí nos damos cuenta de
que la ciudadanía en general, no siempre, no conoce por quién va a votar y vota por
el primero o último de la lista o por miembros que le llamen la atención de una
alianza política que es de su agrado. Entonces, las listas tipo cebra pueden ser
interesantes para poder, en general, tomar acciones afirmativas hacia mantener e
incorporar más mujeres en la papeleta”, explica.


Mientras algunas mujeres se refrenan en su camino a la papeleta, Aida reflexiona
sobre la vocación social y entrega un mensaje de calma: “cuando tú sientes ese
llamado, esa necesidad, en algún momento de la vida siempre va a estar la
posibilidad de poder desarrollarlo. A veces los tiempos no se dan para tomar un rol
que te quite mucho tiempo, pero sí, siempre hay opciones en donde puedes ir
desarrollándote, donde te puedes ir cultivando. Y, en algún momento, llega la
oportunidad y cuando llegue, hay que tomarla”. Así, cuando se le pregunta si es
posible separar a la madre de la candidata, Aida Conejeros responde que es
imposible.


“La candidata es una persona y parte de las motivaciones de la candidata son las
experiencias personales, diría, como, por ejemplo, la maternidad, el trabajo,
etcétera. Y eso también son motores de lucha, entonces no podemos hacer una
distinción”, recalca.


Así, entre las sumas, las restas y los borrones que engloba su vida como dirigente
social y pilar de un hogar, la excandidata a CORE afirma que es fundamental el
apoyo mutuo entre las mujeres involucradas en luchas sociales. “La única forma de
empoderarnos es a través de la comprensión que nosotras mismas tenemos de
nuestra realidad”.

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